No nací siendo persona, no busqué ser artista. Me criaron como tal, con ingenua esperanza de que me convirtiera en uno más. Lo que no esperaron fue que me bautizara en el mundo de los sentimientos. Y aquí estoy, husmeando por mis propias entrañas. Veo colores, luces y sombras... Contemplo trazos incapaces de esbozar en la realidad. Inquietante realidad... A veces me pregunto si la realidad es tal y como es, pero seguiré pensando que tiene una versión diferente dependiendo de quién la observe. Mi realidad se viste de pulsaciones, de pelos erizados, de lágrimas. Se basa en emociones, se basa en mí. Arte plasmado en palabras, lienzos, piezas, sonidos... Inspiración reluciendo en los ojos del artista. Ahora no aspiro ser artista, mi ambición es interpretar la realidad de los artistas. Aprender a meterme en su piel por un intenso momento. Ser una sensación, un sentimiento. Sentirme subjetivamente real.
23 ago 2011
12 ago 2011
El llanto de una cálida bocina.
Esta noche estoy mordiéndome las uñas, ¿será acaso nerviosismo? Jugando con los mechones de mi pelo sonrío con cara de bobalicona, me hallo hechizada. Todo está en paz a mi alrededor, sin embargo, dentro de mí percibo un alboroto de emociones. Mi cuerpo no alcanza comprender qué sucede. Entre toda esa trifulca se oye sobresalir una llamada, el llanto de una cálida bocina. Potente sonido, cual más amigable. Sondeo en busca del llamativo aullido, y sin avisar, se apaga la luz. Nada, solamente el sonido de la bocina solista y yo. ¿Qué será? La percibo cada vez más próxima. Cuando casi puedo escuchar el jadeo de quién la hace sonar, desvanece. Silencio, temeroso silencio. De pronto, se enciende la luz más potente que mis ojos han logrado captar. Una tempestad de emociones brota de mi pecho, dejándome sin aliento. Y como si de una emboscada se tratase, recorren mi piel salvájemente rodeándome por completo. Noto chispas de electricidad dentro de mi persona. Una energía mágica capaz de alzar hasta el más mísero sentimiento de pesadumbre. Siento como si ese sol de invierno penetrara mi piel y se apoderara de mi interior, atiborrando mi cuerpo de luz y calor. Entonces, como si nada, me deja caer. Despierto extendida sobre el suelo con las mejillas sonrojadas. Pesando únicamente en ese calor. No son mariposas en el estómago lo que se siente: es el ardor de todos esos caóticos sentimientos quemándose en lo más íntimo de mi ser a modo de combustible para producir esa felicidad que tanto he ansiado. No estoy sola, me acompaña la ilusión chapoteando entre mis venas y arterias. Ahora sí puedo responder, ¿qué es? Es un cálido sentimiento. Mi corazón repite sin cesar "es amor, es amor...". Yo digo: eres tú.
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