4 nov 2013

Despoblado corazón

El viento entorna los ojos de la consolación, mientras, el violín espachurra el quebranto de un despoblado corazón. Malditas palabras causantes de tanta desolación recorriendo mis desencantos, chocando unas contra otras montando una jauría dentro de mi pequeña calabaza de cartón. Quién fuese versos en un libro de poesía, y no borrador al margen de un cuaderno resquebrajado, agrietado amenazando con deshacerse al empuñarlo. Tanto por aprender, mas lo aprendido no me deja deslumbrar, como la aguja fracturando los hilos al atravesar la dura tela. Hendiendo el aire para llegar a algún lado, tal halcón dibujando trayectos del viaje. ¿Será cierto esto de que hay que caer antes que levantarse? Pues hay quien, con puntos en las rodillas, se apoya en una rama y alza. También los hay que no encuentran la rama y el suelo se convierte en arenas movedizas. Y yo sigo aquí, esa niña que quiere ser mujer en un mundo de gárgolas de piedra, sentada en un rincón, recogiendo los cristales rotos para que nadie se tropiece con ellos. Soñando con quien pueda ayudarme a reunirlos todos, y guardarlos en un cajón de la memoria, escondidos entre tanto alboroto.