29 may 2012

Buscaré por el sol...

Trechos de la propia vida en los que no se acaban encontrando un puerto donde amarrarse a recortarse, sino que la marea termina abandonándonos en una lamentable roca en medio del mar. En mi caso, el pánico se adueña de mí al acercarme a la inmensidad del mar. Esa enorme charca de agua donde no cesa el movimiento, donde la luz no llega al fondo y los peces grandes se comen a los pequeños mientras los demás se ocultan entre las plantas para despistar a los más ingenuos. Puede que esa similitud con la vida humana sea la causa de mi temor, pero claro está que no soy más que una niña que no sabe jugar con sus cosas. Sin embargo, sé que siento un desmesurado miedo al afrontar el resultado que este periodo me ha prestado como una cuchillada hiriendo mis anhelos. Puede que no sea capaz de volver a construir el edificio que me haga alcanzar la ventura de este escuchimizado cuerpo. Pero, ¿qué es eso? Advierto mis dientes de leche a través de los pedazos de espejo roto del suelo, sí, son los míos. ¿Qué ocurre? Son mis hoyuelos que dan intensidad a mis cristalinos ojos que parecen pintados. Sí, pese a la desgracia, sigo siendo una simple niña que avanza de berrinche en berrinche y que su esperanza la mantiene flotando sobre el mar con la confianza e inocencia de encontrar la isla más bonita de este juego. Buscaré por el sol, cogida de la mano de la luz.

4 abr 2012

Cimientos emblandecidos de toda una vida...

Día de lluvia dentro y fuera. A la vez que las nubes desatan todo su brío sobre el firme techo, mi llanto cae sobre la sólida madera. No contemplo rencor ni vergüenza, observo desprestigio. Ruinas de una tarde que busca consuelo. Huyo al rascacielos más alto para dejar abajo la sangrienta tormenta y vislumbrar un rayo de sol, mas a la mitad del camino, la inundación emblandece los cimientos de la resistente torre. Como una bandera me balancea hasta marear mi borrosa mente. Pierdo el juicio por un soborno más del tramposo al jurado. El edificio cae y yo con él. Encierran mis méritos y valores en la más oscura y mugrienta celda, mientras, la justicia queda abandonada en el desván. Ya en el suelo, miro al cielo y los nubarrones se han ido, y otra vez más me abrazan las ruinas de aquellos ladrillos acomodado uno por uno durante toda mi vida para acercarme al dichoso rayo de luz que emana de lo más alto. Sólo queda volver a empezar.

26 mar 2012

Balanceo entre mimos...

Día y noche sigues balanceándote por delicadeza, como el equilibrista seduce a la fina cuerda que ampara su propia vida para confundir a la gravedad y alcanzar, con mucho descaro, el otro extremo del cordel. Es aquí donde se paran mis pensamientos, mi demencia no deja conocer tu excentricidad. Así es. El brillante acróbata ve en su meta, la más abundante gloria. Su esfuerzo por mantenerse erguido en esa peligrosa travesía es persistente, incesante. Consigue hipnotizar las emociones del público, metiéndose en su bolsillo las turbaciones de sus espectadores por unos singulares minutos. Es el centro de las miradas, su actuación afecta a cada uno de los pares de ojos que habitan la sala. Jugando con la incertidumbre, se siente poderoso. Cuando llega al final, le espera la aclamación de esos individuos a los cuales acaba de regalar una tensión continuada de una gran calma. Ha logrado su recompensa.
Después de este corto, pero preciado tiempo, me cuesta creer que sigues adelantando pasos por mi fina cuerda. No sé qué es lo que esperas encontrar al final del camino, por más que busque en tus ojos, sólo veo mi tímida sonrisa reflejada en esos ojos tan cristalinos. ¿Cuál es tu recompensa? Mimo a mimo te acercas cada vez más. ¿De verdad tengo algo tan valioso? Continúas penetrando el laberinto que compone mi figura. Puedo ver la perfección en tus mejillas y la sanación de tu boca. Has despojado de mí esa temblorosa infancia y me has convertido en la doncella más bella del reino. 
Todavía sin comprender, te has adentrando en mis enredos, y ya no puedo dejar que te retires, porque ahora y desde el principio, somos dos los que se balancean en esa cuerda. 

28 ene 2012

Un 28 de enero nublado más...

Un 28 de enero nublado como el de hoy cambiaron los días de mi historia. Me es muy difícil evocar aquel día, en los que la muerte acabó con el sufrimiento de una vida desgastada, agotada por el dolor. Siempre acompañada de la soledad, a pesar de nuestro abrazo constante. Una mañana ya no estabas, había cesado la lucha. La vida no te permitió la revancha. Estos años han hecho de mí una muchacha llena de vendavales en su interior, pero indagando por los rayos del sol no podría agradecerte más.
Nací sostenida por las manos más suaves que me han tocado jamás. Me crié bajo la enfermedad, en la injusta vida y sobreviviendo al calvario. Contemplé hasta ese día cómo te fuiste consumiendo, como la llama de la vela que ilumina mis noches, tenaz como ninguna, pero delicada al más mínimo soplo de aire. 
Tuviste desde muy pequeña que acarrear con un peso enorme, viéndote indefensa ante tantos tumultos, siendo la más bella del lugar. Maduraste temprano, y escapaste de un lugar oscuro a otro totalmente opaco. Aguantaste golpes de la desdicha, pero conseguiste salir del maltrato con dos vidas bajo cada brazo. Tropezaste con la sinvergüencería, y me diste vida a pesar de la oposición. Nos entregaste hasta el último de tus alientos con tal de sacarnos adelante, mas no lo lograste contigo misma. Te encontrabas sola, con muchas vidas a tu espalda, carente de sustento, y caíste en una botella. Ya no te quedaban armas con las que luchar más que aquella copa que te hacía evadir, haciendo desaparecer poco a poco tus males. Más tarde ello no te permitió recargar balas, te fuiste ahogando poco a poco en tu propio llanto. El sufrimiento pudo contigo...
Confesarte, si todavía puedo, que hasta ahora he tenido temor a seguir tus pasos hasta el final. A verte reflejada en mí al asomarme al espejo. He creído que ese era mi destino, y que por mucho que luchara, no podría combatir contra mis sentimientos. Y pese a que sigo teniendo pánico de mis sentimientos, he logrado ver más allá, no me tiene que consumir la soledad. Siempre estarás en mi recuerdo, en mi persona. Me has hecho valorar cada rincón de este mundo, apreciar toda la gama de colores que lo atiborran de brío. Soy fuerte porque tú lo fuiste. No pudiste ser mejor persona porque no te dejaron. Decirte que me acuerdo de ti siempre,  sobretodo cuando escucho esta canción. Y que ahora estoy llorando, pero de felicidad que por tu merced puedo padecer.  Valoramos todo el esfuerzo que hiciste por nosotros. Espero que estés orgullosa de nosotros, porque nosotros lo estamos de ti. Gracias mamá.