12 abr 2013

En mi pequeña calabaza.

Me cuesta descubrir qué es lo que intento plasmar en este preciso momento, me tropieza el desconocimiento de mi propio sentimiento. De mi propia piel sostenida por una juventud que quiere desgarrarse de mí. Maúlla cada noche en mi pequeña calabaza desde que intento conciliar el primer descanso, quisiera llevarme a la esquizofrenia desde el insomnio parece. Y no puedo sostener tanto desencanto, como el fuste de una columna rompe y cae al suelo hecho despojos a causa del fuerte estruendo de la batalla. No hallo la salida, un oasis en este desierto de sal que irrita mis llagas, que supuran desesperación. Un mal que ha vivido en mí siempre y que ha logrado escalar mis entrañas pudriéndolas en el largo paseo. 
Ya no combato por un futuro de ensueño, ni siquiera todavía por una quimera. Continuaré sobreviviendo bajo la brida de la injusticia, hasta que un día no pueda más y el cansancio acabe conmigo y el carro pase por encima de mi cuerpo difunto, dejando más que una estela en el latoso camino.