Llegan en las frías noches de invierno los desencantos del afecto, la pasión y la cordura, que escarchan las venas que salen de un despoblado corazón. No más que palabras galantes embelesan la estupidez y la inocencia de una niña perdida entre la muchedumbre sin rumbo determinado, mas llevaron a la mocosa al camino más abrupto en busca de un sueño que parecía real. Más lejos de todo ello, estuvo colmado de apariencias engañosas y astucias maliciosas. Piedras afiladas, acantilados abismales y arenas movedizas en las que estuvo apunto de dejarse levar por el tormento del desconsuelo. Ahora, esta pobre muchacha, encontrada en un punto sin retorno, no sabe cómo recobrarse para encontrar la salida oculta entre tanta ilusión y fantasía, porque comprende que el final no será más que de cartón y papel mojado. Encontrará algún día dicha puerta, no obstante, siempre tendrá las rodillas llenas de cicatrices sangrantes y la mirada de la desconfianza. Una gran úlcera en interior.
16 dic 2013
4 nov 2013
Despoblado corazón
El viento entorna los ojos de la consolación, mientras, el violín espachurra el quebranto de un despoblado corazón. Malditas palabras causantes de tanta desolación recorriendo mis desencantos, chocando unas contra otras montando una jauría dentro de mi pequeña calabaza de cartón. Quién fuese versos en un libro de poesía, y no borrador al margen de un cuaderno resquebrajado, agrietado amenazando con deshacerse al empuñarlo. Tanto por aprender, mas lo aprendido no me deja deslumbrar, como la aguja fracturando los hilos al atravesar la dura tela. Hendiendo el aire para llegar a algún lado, tal halcón dibujando trayectos del viaje. ¿Será cierto esto de que hay que caer antes que levantarse? Pues hay quien, con puntos en las rodillas, se apoya en una rama y alza. También los hay que no encuentran la rama y el suelo se convierte en arenas movedizas. Y yo sigo aquí, esa niña que quiere ser mujer en un mundo de gárgolas de piedra, sentada en un rincón, recogiendo los cristales rotos para que nadie se tropiece con ellos. Soñando con quien pueda ayudarme a reunirlos todos, y guardarlos en un cajón de la memoria, escondidos entre tanto alboroto.
12 abr 2013
En mi pequeña calabaza.
Me cuesta descubrir qué es lo que intento plasmar en este preciso momento, me tropieza el desconocimiento de mi propio sentimiento. De mi propia piel sostenida por una juventud que quiere desgarrarse de mí. Maúlla cada noche en mi pequeña calabaza desde que intento conciliar el primer descanso, quisiera llevarme a la esquizofrenia desde el insomnio parece. Y no puedo sostener tanto desencanto, como el fuste de una columna rompe y cae al suelo hecho despojos a causa del fuerte estruendo de la batalla. No hallo la salida, un oasis en este desierto de sal que irrita mis llagas, que supuran desesperación. Un mal que ha vivido en mí siempre y que ha logrado escalar mis entrañas pudriéndolas en el largo paseo.
Ya no combato por un futuro de ensueño, ni siquiera todavía por una quimera. Continuaré sobreviviendo bajo la brida de la injusticia, hasta que un día no pueda más y el cansancio acabe conmigo y el carro pase por encima de mi cuerpo difunto, dejando más que una estela en el latoso camino.
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