11 may 2015

Santa muerte

A continuación del abismo llega la caída al fondo del precipicio, que amenaza con la santa muerte. Es extraño ese preciso momento entre el canto de la fosa al trance, como el corazón de la tormenta, acontece esa quietud que sujeta los segundos como pétalos dejándolos meced por la brisa de una tarde primaveral. ¡Pero qué preciosidad de placidez! Voces se advierten con lejanía, los rayos calentando la piel podrida. Dulzura de silencio como esa clase del colegio que al terminar la jornada quedaba abandonada a la conciliación. Quién pudiera perdurar en esa constante sin salirse, sin embargo como un coche sin volante no resistimos la primera curva y vamos directos a la oscuridad. Puede que allí encontremos la legitimada calma, pero no nos gustará ver lo que hay entre ambas.