22 dic 2011

Intimidad cedida al mejor postor

Esta noche, calidez. Miradas de suavidad que brotan de encuentros vivaces entre esos sentidos que capturan luces y colores. No hallo nada más hermoso que la propia intimidad cedida al mejor postor. Vergüenzas destapadas ante la excitación. La naturaleza humana como única salida. El roce como única arma. Y la pasión como único sentimiento. Reposo, placidez, silencio... Calidez. Dulzura en cada caricia que doy, que recibo. No hay realidad, sólo estamos dos personas compartiendo calor. Saboreando las nubes de un paraíso digno de los que consiguieron escapar de aquella frialdad. Un helor que me ha acompañado siempre, marcando mi vida. ¿Quién es, cómo es? No importa, no podrá regalarme nada más estimable que su propio contacto. Tacto que se transforma en calor mudando a su vez en serenidad placentera. No hay tiempo para la melancolía, sólo para el apego. Sólo hay tiempo para nosotros. 
Sin embargo, entre mimos me invade la desconfianza y el miedo. Miedo a que se esfume, a no volver a sentir esa chispa de felicidad que solamente puede obsequiar otra persona. Cierto pavor a acostumbrarme demasiado deprisa a una sonrisa que me llene de sosiego. Todavía sosteniendo estos y más temores, siempre hallaré en mí la tranquilidad y validez de que tendré esas emociones encerradas en el reflejo turbio de aquel espejo roto. Ya no tengo tanta desconfianza de mis sentimientos...


29 oct 2011

¡Shhhhh! ¿Qué es eso? Mi amigo Manuel interpretando mis sentimientos...


¡Shhhhh! ¿Qué es eso? Posiblemente su felicidad; o quizás el llanto de una cálida bocina, un alboroto de emociones y su cuerpo no alcanza a comprender qué sucede. Se sumerge en una reflexión infectada y sin descifrar la respuesta, se asoma así al exterior en busca del hediondo aroma de la vida, aguantando el peso de la libertad y escapando de vergüenzas... Cuestionando una enfermedad.
Enfermedad provocada por segundos, horas repletas de minutos, evitando caer en lo mas profundo del abismo, lugar donde habita la carencia de motivación, lugar donde se ausenta la vida pero en el cual sin otro remedio has caído.
Es el reflejo de aquella niña en su espejo roto… Niña que indaga entre los rayos del sol, niña que en el fondo de ese abismo cree tener un abyecto corazón, mas se equívoca.
¡Shhhhh! ¿Oyes algo? Entre la bulla de silencio niña ha salido del abismo, ¡niña quiere alimentarse del sol!
¿Cómo estas?
Niña ya ha salido de ese abismo. Niña es fuerte. ¿Por qué llora? Niña es libre… Niña ha encontrado el todo: Su lugar perdido
Ese abismo es un cúmulo de emociones, sensaciones que vivimos, abismo en el cual todos creemos estar cuando la duda e incertidumbre inunda nuestro cuerpo, lo cual nos evoca una gran tristeza. 
No esperes la llegada de los rayos del sol, del color de la vida, del sabor de los contornos encerrada en ese abismo el cual has tomado como morada.
¡Sé fuerte Niña! No hay mala suerte tras su espejo roto ni enfermedad cuestionable. ¡Sé fuerte Niña! Sal a esa realidad vestida de sensaciones, asómate al exterior y prende esa idea de abyecto corazón con tu felicidad...¡Sñe fuerte niña! ¿Pero quién es Niña? Niña es ella , es a ella a quién admiro…
Espero que niña encuentre lo que todos llaman felicidad y aquello que pocos conocen, o al menos que niña no olvide que cuando llegue a otro abismo lo salte, porque como antes dije, niña es fuerte, ¡niña es libre! Niña ya puede llorar tranquila… Y lo mas importante, no te olvides de quién es niña, porque niña eres Tú. Niña es ella…
Cuando todo el mundo calla ni nada ni nadie espera respuesta…
Manuel Riquelme Ruiz

Gracias por este regalo, el mejor que me han hecho, a mi gran amigo Manuel, el cual ha conseguido sorprenderme hasta sacarme las lágrimas. 

27 oct 2011

Tropas provistas de ternura...

No hay inquietud, no hay desvelo. Hoy aprecio afán en mí, hay ganas de seguir observando con ojos entornados los aledaños de mi ser. Sólo hay un deseo vehemente en mi pensamiento: luz, color. Anhelos de fuegos fugaces penetrando la tez de las personas, antiguas cáscaras convertidas en las más ligeras nubes de efímero polvo. Bombardeo de tropas provistas de ternura. Caricias de galantería, donaciones de afecto. Hoy, ahora, sólo hay colores en mis párpados, que aún los cierro y veo amanecer un nuevo día, repleto de amor y de alegría. Lleno de corazones vírgenes de pasión por la experiencia. Empachados de ingenuidad. 

9 sept 2011

Reflexión infectada


Me pregunto constantemente si habita en mí una enfermedad. Quizás así comprenda mi desfallecido ser, mas no descifro la respuesta. No hallo contestación, pero... ¿Será que no quiero encontrarla? Sospecho que el pavor supera la curiosidad. ¿Y si lo estoy? Tanto tiempo huyendo de ella a través de horas de siesta y, ahora, distingo lúcidamente que cubro con una sábana esas preguntas incesantes. A mi alrededor se está formando un muro, el cual permito su cimentación. ¿Por qué no lo evito? ¿Por comodidad? En parte. Pero no es así. Es por temor a luchar con todas mis fuerzas y no ganar. Perderlo todo. Es una batalla contra mi propia mente, este blog no es más que un arma contra la enfermedad que me lleva acechando desde mocosa. La enfermedad que vuelve tus sentimientos contra ti mismo, como un pequeño ejército de virus, entrando por los poros de tu piel hasta encontrar esas innumerables redes que conectan tus insignificantes instrumentos vitales. Infectando tu cuerpo, pudriéndolo. A veces imagino mi desamparado cerebro putrefacto por la adversidad. Tristeza, agobio, desgracias reflejadas en sesos podridos. Veo mi propia tumba. Es más, puedo ver como me entierran mis propios sentimientos.

7 sept 2011

Abyecto corazón

No atreverse a mirar a hacia detrás, no querer mirar al presente y no poder imaginar un futuro. Únicamente puedo respirar desaliento mientras se resbalan de mis frágiles manos las armas que me ayudaban a ganar esta vasta batalla. Oigo el estruendo que originan al golpear el suelo. Mi cabeza se resquebraja a la vez que mis tímpanos palpitan. "BUM-BUM". Se genera un ritmo incesante dentro de mí separando en miles fragmentos mi piel. Dejando al descubierto mi interior, exponiendo mis vísceras enfermas que rodean un órgano mustio. Abyecto corazón, ¿por qué no puedo ayudarte? Siento como reclamas tu condumio, sin embargo no hay más que un plato vació esperándote. ¿Qué puedo hacer? Sólo me queda oír sollozar a mi desvalido núcleo hasta que deje el mundo de los sueños para adentrarse a la enfermedad del abandono y la tristeza.

23 ago 2011

Realidad vestida de sensaciones...

No nací siendo persona, no busqué ser artista. Me criaron como tal, con ingenua esperanza de que me convirtiera en uno más. Lo que no esperaron fue que me bautizara en el mundo de los sentimientos. Y aquí estoy, husmeando por mis propias entrañas. Veo colores, luces y sombras... Contemplo trazos incapaces de esbozar en la realidad. Inquietante realidad... A veces me pregunto si la realidad es tal y como es, pero seguiré pensando que tiene una versión diferente dependiendo de quién la observe. Mi realidad se viste de pulsaciones, de pelos erizados, de lágrimas. Se basa en emociones, se basa en mí. Arte plasmado en palabras, lienzos, piezas, sonidos... Inspiración reluciendo en los ojos del artista. Ahora no aspiro ser artista, mi ambición es interpretar la realidad de los artistas. Aprender a meterme en su piel por un intenso momento. Ser una sensación, un sentimiento. Sentirme subjetivamente real.

12 ago 2011

El llanto de una cálida bocina.

Esta noche estoy mordiéndome las uñas, ¿será acaso nerviosismo? Jugando con los mechones de mi pelo sonrío con cara de bobalicona, me hallo hechizada. Todo está en paz a mi alrededor, sin embargo, dentro de mí percibo un alboroto de emociones. Mi cuerpo no alcanza comprender qué sucede. Entre toda esa trifulca se oye sobresalir una llamada, el llanto de una cálida bocina. Potente sonido, cual más amigable. Sondeo en busca  del llamativo aullido, y sin avisar, se apaga la luz. Nada, solamente el sonido de la bocina solista y yo. ¿Qué será? La percibo cada vez más próxima. Cuando casi puedo escuchar el jadeo de quién la hace sonar, desvanece. Silencio, temeroso silencio. De pronto, se enciende la luz más potente que mis ojos han logrado captar. Una tempestad de emociones brota de mi pecho, dejándome sin aliento. Y como si de una emboscada se tratase, recorren mi piel salvájemente rodeándome por completo. Noto chispas de electricidad dentro de mi persona. Una energía mágica capaz de alzar hasta el más mísero sentimiento de pesadumbre. Siento como si ese sol de invierno penetrara mi piel y se apoderara de mi interior, atiborrando mi cuerpo de luz y calor. Entonces, como si nada, me deja caer. Despierto extendida sobre el suelo con las mejillas sonrojadas. Pesando únicamente en ese calor. No son mariposas en el estómago lo que se siente: es el ardor de todos esos caóticos sentimientos quemándose en lo más íntimo de mi ser a modo de combustible para producir esa felicidad que tanto he ansiado. No estoy sola, me acompaña la ilusión chapoteando entre mis venas y arterias. Ahora sí puedo responder, ¿qué es? Es un cálido sentimiento. Mi corazón repite sin cesar "es amor, es amor...". Yo digo: eres tú. 

28 jun 2011

Quiero alimentarme del sol...

Hay bochorno en mi alrededor, percibo el oleoso olor del verano. Es insoportable, me asfixia el cerebro. Alguien ha dejado todo su peso sobre mí, la cruda realidad desflora mi solidez. Deseo sentir corriente dentro de mis arterias y venas, mas están mustias. Estéril movimiento. Mis párpados se abren al igual que lo hace la flor, pasando por el máximo esplendor de belleza y vida hasta llegar a marchitarse por el agotamiento de la propia existencia. Estiro mi cuerpo, en busca de energía con la que alcanzar la estabilidad. Pero antes pienso si algún día podré sostenerme, mantener mi propio peso y alejarme de esa parálisis mental. Si algún día, tal vez, podré caminar hacia delante, con firmeza, como una verdadera persona. Me gustaría conseguir alcanzar la meta sin abatirme. Pero me fatigo sólo de pensar, necesito dejar de hacerlo, sólo sentir. Notar mi cuerpo renacer, recrear experiencias, sentir un orgasmo de vida. Creerme fuerte, rugir al cielo y a la tierra. Mirarme al espejo y no ver el reflejo roto de una niña destrozada, sino el de una persona íntegra, llena de brío, de espíritu. Ansío convertirme en una firme y hermosa flor desde lo que soy ahora, una mediocre semilla sin agua. Quiero alimentarme del sol, crecer día a día gracias a esos rayos rebosantes de ánimo, destacar sobre la tierra por mis colores llamativos representantes de mi propia fuerza. Quiero abrir mis vergüenzas al cielo nubloso, y dejar que me empape de amor líquido. Deseo dejar de ser un jumento más para ser un lindo corcel en su radiante pradera verde. 

19 jun 2011

Frase más a la espalda...

Respirando el hediondo aroma de la vida, aguantando el peso de la libertad y escapando de las vergüenzas...

12 jun 2011

Cuestionando una enfermedad...

Segundos inagotables; minutos perpetuos; horas interminables; días eternos; semanas infinitas... Momento de observar, de curiosear por las inmediaciones estudiando contornos, colores, destellos de luz, brisas momentáneas... Por más canciones escuchadas no siento nada. No me absorben los armonías musicales, no recorre dentro de mí ningún impulso de  movimiento. Nada. ¿Debería aburrirme? Y si es así, ¿por qué no siento más que ausencia? Ausencia de vida, de ganas, de motivación... Carencia de mí. Insuficiencia de ánimo, no brotan de mí estímulos. No hay más que vacío en mi ser. No siento más que la sensación de no sentir. Me hallo exhausta. Me preocupa la situación. Es verdaderamente frustrante el no tener deseo absolutamente de nada. No querer moverse, pero aún menos seguir quieto. Trance inquisitivo. 
Lo sé, he hablado tantas veces del vacío personal que lleva por ser repetitivo y cargante. Pero menos es leerlo que llevarlo dentro todos esos segundos, minutos, horas, días y semanas. Un tiempo que sé que estoy perdiendo. Sin embargo, ¿sabéis qué? Mientra siga escribiendo sobre él más seguiré analizándolo, cuestionando su hospedaje en mi mente, y lo más importante: más tardaré en aceptarlo sin oponerme a él.

22 may 2011

Reflejo de una niña en su espejo roto...

Caen al suelo espejos, se rompen en minúsculos trozos. Chocan unos contra otros; saltan; rebotan; se dispersan por la superficie. Juguetean brillantes en el aire como copos de nieve guiados por invisibles juglares. De pronto, cesa el estampido musical. Los soldados juran al silencio. Los sueños desvanecen. Sólo queda minucia en el lugar. Me parece observar la queja de una mirada entre los trozos más grandes, luego recorro la nariz distorsionada hasta hallar unos labios desquebrajados. Analizo una fachada destrozada por lo más evidente. Es así como soy, el reflejo de una niña en su espejo roto. Sueños hechos añicos, sentimientos helados subyaciendo en un corazón que cada vez late más despacio, amenazando con parar. Caos mental en una existencia somnolienta de un simple jumento más en su propio suburbio. 

Melindrona

5 may 2011

Indago entre los rayos del sol...


Ya estoy despierta. Me muevo, no sé qué hacer ni dónde estar, estoy inquieta. Es pronto. No me preocupo por ello, busco. Recorro la estancia, me acuesto en la cama, no siento nada. Me siento en el suelo, no lo nada. Me muevo, siento cierto nerviosismo. Camino por los pasillos en busca de algo con lo que distraerme, mas no sé el qué. Todo es poco. La comida no me sacia. Noto el frío de la superficie del suelo en mis pies descalzos. Me gusta. Me encuentro cómoda. No cambia nada, decido salir. Abro el armario, husmeo entre mis vestimentas oscuras, pero opto por lo claro. Me ato los zapatos, más fuerte que nunca. Dispuesta a salir cojo mis cosas, me enlazo el bolso entre mi cuerpo y abro la puerta. Agarro el pomo con prisa, como desesperada, y lo giro. Deja entre ver una franja de luz que me llama. Procedo. ¿Qué veo? Me fascino. Admiro los rayos de sol impacientes por encontrar mi piel, que se ilumina hasta brillar como las estrellas. Me agrada. Comienzo a bajar las pocas escaleras que me separan del mundo. Atravieso la calle con ganas. Alguien me saluda, me sonríe. Se la devuelvo. ¿Qué me pasa? ¿Estoy sonriendo yo también? Exacto, encuentro mi sonrisa en el reflejo de algún coche. Sale sola, no la puedo controlar, ni quiero hacerlo. Sigo callejeando sin saber a dónde ir. Pero me da igual, porque estoy a gusto. Me encuentro viva, llena. Me siento bien. ¿Por qué será? ¿Por qué ahora? No hallo respuesta, y no me importa. ¿Para qué buscar explicación? ¡Estoy bien! No quiero pensar, quiero sentir.

Sigo indagando por los primeros rayos de sol que salen entre las nubes, tímidos. Lo encuentro por fin, y sin saber que lo buscaba. Es un banco de madera desgastado en un lugar de un parque desierto, es el lugar que estaba esperando encontrar sin ni si quiera saberlo. Me acomodo maravillada por su esplendor en el asiento. Todo es tan bonito. Todo está tan tranquilo, sólo se oye la mañana. No paro de sonreír. Observo mi alrededor, y ahora sí lo hallo de color, reluciente.
¿Habré pasado la tempestad? ¿Será solamente la calma en el ojo del huracán? No consigo pensar, sólo puedo ver. Veo como el viento mueve las hojas, como un perro corre a lo lejos detrás de su dueña, como huele a fresco, como me erizo entre tanto asombro. Estaré volviendo a vivir, pienso. A llenarme de luz. Vuelvo a ser persona.
Melindrona


1 may 2011

Asomándome al exterior...

Cierta vez, un amigo, gran observador de lo que él llama "cuadra de humano", me dijo: " Sientes tanto por dentro y tienes tanto que decir que te da miedo hacer salir todo eso que llevas en tu interior porque no sabes si el exterior podrá soportar tanto". Dichas palabras me llegaron, anduve en ellas tiempo sin comprender la gran serenidad que tenía esta gran persona. Otro ilustre amigo mío me dijo hace algún tiempo no muy lejano que todo aquello me había obligado a formar una gigantesca coraza para protegerme del temido exterior. Hay me pregunto: ¿Por qué tengo tanta desconfianza a ese exterior? Hace algún tiempo averigüé al porqué de mi admiración al Arte y también el porqué decidí escribir este Blog: para acercarme a ese misterioso exterior insinuadamente, como asomándome a él. 
¿Qué puedo decir de mí? No muchas cosas buenas, tal vez sea esa la razón por la que me cierre tanto en mí misma. Me he esforzado tanto para evitar el dolor que he llegado hasta agotarme. Un dolor que no se puede rehuir, un dolor que es como el mar, siempre está ahí pero no en el mismo estado, unas veces sube cubriendo y otras baja dejando ver lo que escondía debajo. Lo único que yo he hecho es intentar es ignorarlo, caminar sobre la cumbre de la montaña sin mirar hacia abajo, como si no estuviera ahí. Pero está, no va a desaparecer como el humo de las colillas en el aire. Y cuanto más camino sin mirar, más me acerco al acantilado, y cuando esté sobre él será demasiado tarde y veré que tanto esfuerzo no ha servido para alargar la angustia. Entonces, ¿qué he conseguido encerrándome en mi propia persona? Sólo sé que no he podido esquivar el dolor como quien saltea una roca en su camino, al ignorarlo he alargado su permanencia en mi interior, incluso acostumbrándome a él, conviviendo con él. Y después de tropezar tanto he llegado hasta aquí, a una vida desaborida, sosa. Al final, intentando no ahogarme, huyendo de lo imposible, únicamente he conseguido prolongar este sufrimiento hasta hacerlo permanente. Hoy me enfrento a mis actos, que siempre han ido dirigidos a no cometer los mismos errores con los que me crié. Pero a mis 17 años me doy cuenta de que el pretender no sufrir para no acabar convirtiéndome en lo que más temo ha hecho que termine siendo la persona que tanto he deseado evitar ser. 
Una persona llena de sufrimiento no vive, sólo continúa su existencia. Te das cuenta un día, cuando admiras tu alrededor y no sientes nada. Como en una resaca, notas un malestar con el que crees que puedes aguantar el día, un día costoso. Una lucha contra tu propio cuerpo. Dejas de luchar, acabas por abandonarte, sólo deseas perderte entre la oscuridad. Y si ya comienzo a sentirme así ¿para qué tanto trabajo? ¿Para qué esconderme? No quiero caer. Necesito dejar de desconfiar, de huir de la luz. Tengo que dejar de esconderme. Salir de la oscuridad en la que permanezco por miedo. Asomarme a ese gigante mundo sin cobardía.


Melindrona


21 mar 2011

Entre la bulla del silencio...

Miro desesperada mi alrededor. Toco las sábanas que cubren mi cuerpo. Acaricio su textura, siento su suavidad. Me sosiego. Apoyo la cabeza, fuente de creación, en mi sencilla almohada. Siento su comodidad, me relaja. La abrazo apretándola contra mi cuerpo. Encuentro mi propio calor, mas no es suficiente. Extiendo mi figura sobre el colchón. Miro al techo, el cual ha presenciado tantas veces mis sufrimientos y alegrías. Compañero de pintura blanca, ausente de color, como la infelicidad. Ya que una vida sin colores no es una vida plena. Abandono ese manto blanco, puede que por miedo a enfrentarme a la verdadera cuestión. Observo el gotelé de las paredes de color pastel, no hallo figuras. Coloco mi mano sobre el duro yeso. Noto frío, me irrita. Observo como la luz de la lámpara proyecta sombras en los pliegues de las cortinas. Telas capaces de tapar lo que no queremos ver y más lo que no queremos enseñar, como los párpados. Cansada de mirar nada me acomodo de lado y cierro los ojos. Dejo a un lado lo externo para centrarme en mí. Oigo mi respiración, mis latidos, los sonidos de mi estómago. Trago saliva y comienzo a pensar. ¿Qué es lo que busco? ¿Por qué no lo encuentro? Busco entre la bulla del silencio, mas no encuentro. Me dan ganas de desollarme para ver si así consigo ver lo que tanto ansío encontrar. ¿Qué será aquello que hace que no me sienta llena? ¿Dónde estará? Me siento tan vacía. Un sentimiento tan desolador. No consigo averiguar lo que busco ni dónde puedo encontrarlo, lo único que sé es que lo necesito, porque sin él no soy más que un cuerpo en blanco rodeado de neblina. 
Melindrona

19 feb 2011

¿Cómo estoy?

Exhausta. Me siento como si la persona que se halla dentro de mí estuviera desvaneciéndose. Esa misma sensación de debilidad confusa al estar muriendo se sed. Como la garganta, el alma tengo seca. Rodeada de oscuridad inmensa, sin encontrar sabor alguno en la comida. Sólo huele a desesperanza, un olor hediondo como el de un cadáver. Me encuentro débil y frágil ante el mundo. Un mundo marcado por la necesidad. Me veo muda ante la palabra, sumisa al dolor. Suturando un pasado indeleble, repleto de espinas de rosas muertas.
¿Seré demasiado susceptible, quizás? No lo sé, sólo sé que me siento sola, inmensamente sola. Siempre ha sido así, aun sin saberlo. No obstante, ahora sí lo sé muy bien. Sé que no tengo donde agarrarme cuando llegue la tormenta.
Agotada, vacía, cansada de desilusionarme, de desmotivarme, de pasar frío, de estar en búsqueda continúa de una felicidad que se esconde. No encuentro nada que haga que al acostarme no sea igual que al levantarme. Estoy verdaderamente atrapada en mí, cada día más. Tengo miedo, más que nunca, de enfermar. Una enfermedad que devora. Ya lo he visto antes. He observado como la soledad destroza una persona, la cual murió antes de que su corazón dejara de latir. Porque una persona sola, es una persona muerta. Yo me recuerdo en ella al mirarme al espejo, me veo más parecido cada día que pasa. No por mis facciones, sino por mi mirada, una mirada deshabitada. Ardo en pánico de convertirme en aquella persona a la que tanto he recordado cada uno de los días de mi existencia, sin saber que tarde o temprano acabaré por perderme en mi temor como ella, un laberinto en el cada vez está más lejos la salida.
Entonces, ¿cómo estoy? Lo sé demasiado bien: estoy asustada. ¿Y qué necesito? Es muy sencillo, necesito sentirme bien.

Melindrona


¿Por qué lloro?

Hoy no voy a escribir como hasta ahora. Hoy estoy apagada, no tengo ganas de nada. No sé el porqué. Ha sido un día normal. Pero no todos los días son iguales, ¿verdad? Hay días buenos y malos, felices y tristes. En estos días, en los días como hoy, me siento como un triste caracol que saca su cuerpo al sol y cuando, por primera vez, ve la luz, un zapato lo devuelve a la oscuridad. Todo lo que hay a mi alrededor me afecta. No soy capaz de hablar, de expresar mis sentimientos, de hallar una respuesta a mi sufrimiento. No soy capaz ni tan si quiera de levantar mi dolorida cabeza. Solo soy capaz de llorar, de llorar tanto como para secar mis ojos. Seguro que os habéis sentido alguna vez así, con mil y una imagen rondando vuestra cabeza haciéndoos recordar los peores momentos. Esos momentos en los que todo se ve negro. Estoy harta de llorar, he llorado cada noche de mi vida, en esas noches en las que mi almohada se convertía en una esponja de tantas lágrimas derramadas sobre aquel apoyo que tenía. ¿Por qué lloro? ¿Por qué me siento así? No tengo una respuesta, solo sé que quiero parar. Os voy a confesar una cosa, yo soy de las personas que dicen que el mundo es maravilloso, pero ahora mismo, renunciaría a él sin pensármelo.
Melindrona.

Mi felicidad.

 Hay días en los que no te encuentras, en los que no soportas a nadie, ni a ti mismo, hay días en que todo se vuelve contra ti. Pero también hay días en los que sí te encuentras, en los que no pones ni una mala cara, días en los que te encanta vivir. Esos días existen, y hay muchos, pero al lado de los de más días parecen pocos. Esos días hay que vivirlos, hay que ser más positivo y sonreír. En esos días todo parece estar bien, y si aparece algún mal, lo miras con bueno ojos y pasas de largo. Te sientes seguro, abierto, despierto, y sobretodo te sientes feliz. La felicidad es cuando te sientes así, no cuando lo tienes todo y el mundo está a tu alcance, es cuando eres tú mismo te relajas y sientes un bienestar que te corre por todo el cuerpo hasta llegar a la cara. Entonces tu cara cambia. Tus ojos se abren más que nunca, por tu nariz respiras aromas de felicidad y tu boca enseña los dientes un poco más de lo normal. Esa sonrisa se nota, aunque tú no lo veas, pero lo notas. Todo cambia, vuelve a su ser. Y a ti te gusta sentirte así y quieres que ese día no pase. Pero si n lo hiciera no sería lo mismo, te acostumbrarías y ya no te sentiría igual de bien. Por eso la felicidad es así, aparece cuando menos te lo esperas, sin importar quién seas, para que la vivas intensamente. Yo cuando me siento así, si puedo, me pongo en la esquina de mi cama a ver la luz que entra por la ventana de la habitación, luego m doy una ducha larga y me voy a un parque, me siento en un banco y miro a la gente que pasa. Después me voy a la punta de mi pueblo donde no hay nadie y me subo a la rama de un árbol y pienso. Pienso en mi vida, en lo que he pasado. Recuerdo. Entonces lloro, lloro hasta que me duelen los ojos y tengo rojos los mofletes. No lloro porque esté mal, lloro porque quiero. Por lo malo y por lo bueno. Miro hacia atrás, al pasado. Recuerdo las noches que no he dormido, que he escuchado llorar a mi madre, las noches en las que veía ami hermana dar vueltas por la casa nerviosa, como si no pudiera estar más allí, las noches en las que mi hermano me abrazaba y me calmaba, y se quedaba dormido a mi lado sin soltarme, las noches en las que me metía bajo la cama para intentar no oír los gritos ni los golpes, y me quedaba durmiendo al rato, y luego mi hermano me sacaba de ahí, me daba un beso y me metía en la cama, las noches en las que para mí la vida era lo peor que podía existir. Pero después pienso en las noches de ahora, noches tranquilas, solo preocupada por mis hermanos, pero nada más. Entonces lloro por lo feliz que estoy, por lo agradecida que estoy con mis tíos, por lo fuerte que soy al superar y seguir adelante y por mantener mi promesa en pie. Lloro por lo que me a cambiado la vida. Después de llorar me encuentro mucho mejor. Luego salto de la rama y llamo a mis hermanos y voy a verlos. Cuando me voy a casa de mis tíos rodeo mi pueblo para andar y en cuanto llego les doy un beso y me voy a dormir. Esos son mis días felices, pero cada persona tiene los suyos. La felicidad no es algo raro ni algo que solo pase una vez en la vida. La felicidad es un día especial. No sé por qué escribo esto, tampoco creo que lo lea alguien, pero si lo hacen solo espero que se fijen más en su vida diaria.
Melindrona




Desigualdad

El término desigualdad es aquel que diferencia una cosa de otra, por insignificante que sea. Los humanos hemos tomado la desigualdad como algo que nos diferencia entre nosotros hasta no poder tener los mismos derechos. Desde que el mundo es mundo, desde que el hombre es hombre, siempre ha sido lo mismo. Desigualdad entre nosotros, entre animales y plantas. No vemos que todo es diferente pero a la vez igual. Seres con vida propia que nacen, crecen, se reproducen y mueren. Los humanos hemos nacido con unos dones más avanzados que nos permiten hacer muchas más cosas que el resto de los seres vivos. Hemos creado muchas cosas y hemos destruido muchas otras. Pero seguimos intentando sobrevivir y que los de nuestra especie sigan con estos dones. Pero hay un pensamiento que nos impide avanzar, entre otros muchos. A este le hemos puesto el nombre dedesigualdad. Nuestros pensamientos son los pensamientos que van a tener nuestros hijos, y esta aversión es la que van a heredar de nosotros. ¿Es lo que queremos? Unos dirán que sí y otros que no. Los que dicen que sí son los que están “por encima” y no sienten la pobreza de lo que es estar “debajo”. No conocen el rechazo y el miedo. Creo que la desigualdad a medida que avanzamos se combate, pero se combate mal. La igualdad no se consigue cambiando la forma de hablar de los políticos (“miembros y miembras del gobierno”) o el color del telediario, creando leyes que favorecen a un género,  poniendo a mujeres presentando los deportes, ni utilizando eufemismos para hablar de inmigrantes. Se combate eliminando esas pequeñas diferencias que se resaltan y no se deberían ni prestar atención. Soy mujer, pos sí, SOY MUJER, pero me da igual que me digas “macho”, lo voy a seguir siendo y no me siento discriminada por ello. Soy de Estocolmo, poes como si soy de Paraguay. Para cambiar estos aspectos hay que mentalizarse, unos mismos. Olvidarse de qué nos separa, y aprender a convivir. No creando Ministerios de Igualdad, que acreditan el problema, separándonos aún más. Olvidémonos de esas diferencias sin importancia. Somos diferentes e únicos, pero somos humanos: personas con los mismos derechos. Somos iguales a la vez de distintos. Y eso es lo que nos hace tan maravillosos.