Segundos inagotables; minutos perpetuos; horas interminables; días eternos; semanas infinitas... Momento de observar, de curiosear por las inmediaciones estudiando contornos, colores, destellos de luz, brisas momentáneas... Por más canciones escuchadas no siento nada. No me absorben los armonías musicales, no recorre dentro de mí ningún impulso de movimiento. Nada. ¿Debería aburrirme? Y si es así, ¿por qué no siento más que ausencia? Ausencia de vida, de ganas, de motivación... Carencia de mí. Insuficiencia de ánimo, no brotan de mí estímulos. No hay más que vacío en mi ser. No siento más que la sensación de no sentir. Me hallo exhausta. Me preocupa la situación. Es verdaderamente frustrante el no tener deseo absolutamente de nada. No querer moverse, pero aún menos seguir quieto. Trance inquisitivo.
Lo sé, he hablado tantas veces del vacío personal que lleva por ser repetitivo y cargante. Pero menos es leerlo que llevarlo dentro todos esos segundos, minutos, horas, días y semanas. Un tiempo que sé que estoy perdiendo. Sin embargo, ¿sabéis qué? Mientra siga escribiendo sobre él más seguiré analizándolo, cuestionando su hospedaje en mi mente, y lo más importante: más tardaré en aceptarlo sin oponerme a él.
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminarMOLAAAAAAAA.....
ResponderEliminar