19 feb 2011

Mi felicidad.

 Hay días en los que no te encuentras, en los que no soportas a nadie, ni a ti mismo, hay días en que todo se vuelve contra ti. Pero también hay días en los que sí te encuentras, en los que no pones ni una mala cara, días en los que te encanta vivir. Esos días existen, y hay muchos, pero al lado de los de más días parecen pocos. Esos días hay que vivirlos, hay que ser más positivo y sonreír. En esos días todo parece estar bien, y si aparece algún mal, lo miras con bueno ojos y pasas de largo. Te sientes seguro, abierto, despierto, y sobretodo te sientes feliz. La felicidad es cuando te sientes así, no cuando lo tienes todo y el mundo está a tu alcance, es cuando eres tú mismo te relajas y sientes un bienestar que te corre por todo el cuerpo hasta llegar a la cara. Entonces tu cara cambia. Tus ojos se abren más que nunca, por tu nariz respiras aromas de felicidad y tu boca enseña los dientes un poco más de lo normal. Esa sonrisa se nota, aunque tú no lo veas, pero lo notas. Todo cambia, vuelve a su ser. Y a ti te gusta sentirte así y quieres que ese día no pase. Pero si n lo hiciera no sería lo mismo, te acostumbrarías y ya no te sentiría igual de bien. Por eso la felicidad es así, aparece cuando menos te lo esperas, sin importar quién seas, para que la vivas intensamente. Yo cuando me siento así, si puedo, me pongo en la esquina de mi cama a ver la luz que entra por la ventana de la habitación, luego m doy una ducha larga y me voy a un parque, me siento en un banco y miro a la gente que pasa. Después me voy a la punta de mi pueblo donde no hay nadie y me subo a la rama de un árbol y pienso. Pienso en mi vida, en lo que he pasado. Recuerdo. Entonces lloro, lloro hasta que me duelen los ojos y tengo rojos los mofletes. No lloro porque esté mal, lloro porque quiero. Por lo malo y por lo bueno. Miro hacia atrás, al pasado. Recuerdo las noches que no he dormido, que he escuchado llorar a mi madre, las noches en las que veía ami hermana dar vueltas por la casa nerviosa, como si no pudiera estar más allí, las noches en las que mi hermano me abrazaba y me calmaba, y se quedaba dormido a mi lado sin soltarme, las noches en las que me metía bajo la cama para intentar no oír los gritos ni los golpes, y me quedaba durmiendo al rato, y luego mi hermano me sacaba de ahí, me daba un beso y me metía en la cama, las noches en las que para mí la vida era lo peor que podía existir. Pero después pienso en las noches de ahora, noches tranquilas, solo preocupada por mis hermanos, pero nada más. Entonces lloro por lo feliz que estoy, por lo agradecida que estoy con mis tíos, por lo fuerte que soy al superar y seguir adelante y por mantener mi promesa en pie. Lloro por lo que me a cambiado la vida. Después de llorar me encuentro mucho mejor. Luego salto de la rama y llamo a mis hermanos y voy a verlos. Cuando me voy a casa de mis tíos rodeo mi pueblo para andar y en cuanto llego les doy un beso y me voy a dormir. Esos son mis días felices, pero cada persona tiene los suyos. La felicidad no es algo raro ni algo que solo pase una vez en la vida. La felicidad es un día especial. No sé por qué escribo esto, tampoco creo que lo lea alguien, pero si lo hacen solo espero que se fijen más en su vida diaria.
Melindrona




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