22 dic 2011

Intimidad cedida al mejor postor

Esta noche, calidez. Miradas de suavidad que brotan de encuentros vivaces entre esos sentidos que capturan luces y colores. No hallo nada más hermoso que la propia intimidad cedida al mejor postor. Vergüenzas destapadas ante la excitación. La naturaleza humana como única salida. El roce como única arma. Y la pasión como único sentimiento. Reposo, placidez, silencio... Calidez. Dulzura en cada caricia que doy, que recibo. No hay realidad, sólo estamos dos personas compartiendo calor. Saboreando las nubes de un paraíso digno de los que consiguieron escapar de aquella frialdad. Un helor que me ha acompañado siempre, marcando mi vida. ¿Quién es, cómo es? No importa, no podrá regalarme nada más estimable que su propio contacto. Tacto que se transforma en calor mudando a su vez en serenidad placentera. No hay tiempo para la melancolía, sólo para el apego. Sólo hay tiempo para nosotros. 
Sin embargo, entre mimos me invade la desconfianza y el miedo. Miedo a que se esfume, a no volver a sentir esa chispa de felicidad que solamente puede obsequiar otra persona. Cierto pavor a acostumbrarme demasiado deprisa a una sonrisa que me llene de sosiego. Todavía sosteniendo estos y más temores, siempre hallaré en mí la tranquilidad y validez de que tendré esas emociones encerradas en el reflejo turbio de aquel espejo roto. Ya no tengo tanta desconfianza de mis sentimientos...


No hay comentarios:

Publicar un comentario