5 may 2011

Indago entre los rayos del sol...


Ya estoy despierta. Me muevo, no sé qué hacer ni dónde estar, estoy inquieta. Es pronto. No me preocupo por ello, busco. Recorro la estancia, me acuesto en la cama, no siento nada. Me siento en el suelo, no lo nada. Me muevo, siento cierto nerviosismo. Camino por los pasillos en busca de algo con lo que distraerme, mas no sé el qué. Todo es poco. La comida no me sacia. Noto el frío de la superficie del suelo en mis pies descalzos. Me gusta. Me encuentro cómoda. No cambia nada, decido salir. Abro el armario, husmeo entre mis vestimentas oscuras, pero opto por lo claro. Me ato los zapatos, más fuerte que nunca. Dispuesta a salir cojo mis cosas, me enlazo el bolso entre mi cuerpo y abro la puerta. Agarro el pomo con prisa, como desesperada, y lo giro. Deja entre ver una franja de luz que me llama. Procedo. ¿Qué veo? Me fascino. Admiro los rayos de sol impacientes por encontrar mi piel, que se ilumina hasta brillar como las estrellas. Me agrada. Comienzo a bajar las pocas escaleras que me separan del mundo. Atravieso la calle con ganas. Alguien me saluda, me sonríe. Se la devuelvo. ¿Qué me pasa? ¿Estoy sonriendo yo también? Exacto, encuentro mi sonrisa en el reflejo de algún coche. Sale sola, no la puedo controlar, ni quiero hacerlo. Sigo callejeando sin saber a dónde ir. Pero me da igual, porque estoy a gusto. Me encuentro viva, llena. Me siento bien. ¿Por qué será? ¿Por qué ahora? No hallo respuesta, y no me importa. ¿Para qué buscar explicación? ¡Estoy bien! No quiero pensar, quiero sentir.

Sigo indagando por los primeros rayos de sol que salen entre las nubes, tímidos. Lo encuentro por fin, y sin saber que lo buscaba. Es un banco de madera desgastado en un lugar de un parque desierto, es el lugar que estaba esperando encontrar sin ni si quiera saberlo. Me acomodo maravillada por su esplendor en el asiento. Todo es tan bonito. Todo está tan tranquilo, sólo se oye la mañana. No paro de sonreír. Observo mi alrededor, y ahora sí lo hallo de color, reluciente.
¿Habré pasado la tempestad? ¿Será solamente la calma en el ojo del huracán? No consigo pensar, sólo puedo ver. Veo como el viento mueve las hojas, como un perro corre a lo lejos detrás de su dueña, como huele a fresco, como me erizo entre tanto asombro. Estaré volviendo a vivir, pienso. A llenarme de luz. Vuelvo a ser persona.
Melindrona


3 comentarios:

  1. Los mundos de ilusiones son bonitos para las novelas románticas.Nos tantee ¿en que mundo se puede vivir con esto?

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  2. No es un mundo de ilusión, es un mundo visto con buenos ojos y sensaciones propias de una mañana placentera.
    Si no ha gustado lo siento, a mí me encantó escribirlo.

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  3. amorr sensacional como siempree

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