4 abr 2012

Cimientos emblandecidos de toda una vida...

Día de lluvia dentro y fuera. A la vez que las nubes desatan todo su brío sobre el firme techo, mi llanto cae sobre la sólida madera. No contemplo rencor ni vergüenza, observo desprestigio. Ruinas de una tarde que busca consuelo. Huyo al rascacielos más alto para dejar abajo la sangrienta tormenta y vislumbrar un rayo de sol, mas a la mitad del camino, la inundación emblandece los cimientos de la resistente torre. Como una bandera me balancea hasta marear mi borrosa mente. Pierdo el juicio por un soborno más del tramposo al jurado. El edificio cae y yo con él. Encierran mis méritos y valores en la más oscura y mugrienta celda, mientras, la justicia queda abandonada en el desván. Ya en el suelo, miro al cielo y los nubarrones se han ido, y otra vez más me abrazan las ruinas de aquellos ladrillos acomodado uno por uno durante toda mi vida para acercarme al dichoso rayo de luz que emana de lo más alto. Sólo queda volver a empezar.

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