Sofocante noche de calor, de esas en las que el más mínimo soplo de aire actúa como la medicina más efectiva. Desvelos incesantes, fatiga crónica y juicio espeso noche tras noche. Amanece más temprano fuera, sin embargo, dentro todo continúa dormido en un sueño que oscila. No hay sufrimiento, sólo desgana en este cuerpo oxidado por el sollozo salado, mirando un reloj que nunca avanza para bien. Ojeras, pañuelos y envoltorios vacíos dispersos por un suelo mugriento. No quedan fuerzas para continuar con la batalla, mas sigo respirando ese fétido olor a muerte amenazante. Vuelvo a mirar el reloj, ¿qué hora es? No importa, no voy a ningún lado, sólo dejo pasar el tiempo tontamente mientras evito recordar que un día fui dichosa. Una noche más, en esta agónica existencia en el que fantaseamos con no sentir más que lo físico. Puede que haya amanecido fuera, pero no saldré a comprobarlo por temor a que así sea.
No hay comentarios:
Publicar un comentario