28 jun 2011

Quiero alimentarme del sol...

Hay bochorno en mi alrededor, percibo el oleoso olor del verano. Es insoportable, me asfixia el cerebro. Alguien ha dejado todo su peso sobre mí, la cruda realidad desflora mi solidez. Deseo sentir corriente dentro de mis arterias y venas, mas están mustias. Estéril movimiento. Mis párpados se abren al igual que lo hace la flor, pasando por el máximo esplendor de belleza y vida hasta llegar a marchitarse por el agotamiento de la propia existencia. Estiro mi cuerpo, en busca de energía con la que alcanzar la estabilidad. Pero antes pienso si algún día podré sostenerme, mantener mi propio peso y alejarme de esa parálisis mental. Si algún día, tal vez, podré caminar hacia delante, con firmeza, como una verdadera persona. Me gustaría conseguir alcanzar la meta sin abatirme. Pero me fatigo sólo de pensar, necesito dejar de hacerlo, sólo sentir. Notar mi cuerpo renacer, recrear experiencias, sentir un orgasmo de vida. Creerme fuerte, rugir al cielo y a la tierra. Mirarme al espejo y no ver el reflejo roto de una niña destrozada, sino el de una persona íntegra, llena de brío, de espíritu. Ansío convertirme en una firme y hermosa flor desde lo que soy ahora, una mediocre semilla sin agua. Quiero alimentarme del sol, crecer día a día gracias a esos rayos rebosantes de ánimo, destacar sobre la tierra por mis colores llamativos representantes de mi propia fuerza. Quiero abrir mis vergüenzas al cielo nubloso, y dejar que me empape de amor líquido. Deseo dejar de ser un jumento más para ser un lindo corcel en su radiante pradera verde. 

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