1 may 2011

Asomándome al exterior...

Cierta vez, un amigo, gran observador de lo que él llama "cuadra de humano", me dijo: " Sientes tanto por dentro y tienes tanto que decir que te da miedo hacer salir todo eso que llevas en tu interior porque no sabes si el exterior podrá soportar tanto". Dichas palabras me llegaron, anduve en ellas tiempo sin comprender la gran serenidad que tenía esta gran persona. Otro ilustre amigo mío me dijo hace algún tiempo no muy lejano que todo aquello me había obligado a formar una gigantesca coraza para protegerme del temido exterior. Hay me pregunto: ¿Por qué tengo tanta desconfianza a ese exterior? Hace algún tiempo averigüé al porqué de mi admiración al Arte y también el porqué decidí escribir este Blog: para acercarme a ese misterioso exterior insinuadamente, como asomándome a él. 
¿Qué puedo decir de mí? No muchas cosas buenas, tal vez sea esa la razón por la que me cierre tanto en mí misma. Me he esforzado tanto para evitar el dolor que he llegado hasta agotarme. Un dolor que no se puede rehuir, un dolor que es como el mar, siempre está ahí pero no en el mismo estado, unas veces sube cubriendo y otras baja dejando ver lo que escondía debajo. Lo único que yo he hecho es intentar es ignorarlo, caminar sobre la cumbre de la montaña sin mirar hacia abajo, como si no estuviera ahí. Pero está, no va a desaparecer como el humo de las colillas en el aire. Y cuanto más camino sin mirar, más me acerco al acantilado, y cuando esté sobre él será demasiado tarde y veré que tanto esfuerzo no ha servido para alargar la angustia. Entonces, ¿qué he conseguido encerrándome en mi propia persona? Sólo sé que no he podido esquivar el dolor como quien saltea una roca en su camino, al ignorarlo he alargado su permanencia en mi interior, incluso acostumbrándome a él, conviviendo con él. Y después de tropezar tanto he llegado hasta aquí, a una vida desaborida, sosa. Al final, intentando no ahogarme, huyendo de lo imposible, únicamente he conseguido prolongar este sufrimiento hasta hacerlo permanente. Hoy me enfrento a mis actos, que siempre han ido dirigidos a no cometer los mismos errores con los que me crié. Pero a mis 17 años me doy cuenta de que el pretender no sufrir para no acabar convirtiéndome en lo que más temo ha hecho que termine siendo la persona que tanto he deseado evitar ser. 
Una persona llena de sufrimiento no vive, sólo continúa su existencia. Te das cuenta un día, cuando admiras tu alrededor y no sientes nada. Como en una resaca, notas un malestar con el que crees que puedes aguantar el día, un día costoso. Una lucha contra tu propio cuerpo. Dejas de luchar, acabas por abandonarte, sólo deseas perderte entre la oscuridad. Y si ya comienzo a sentirme así ¿para qué tanto trabajo? ¿Para qué esconderme? No quiero caer. Necesito dejar de desconfiar, de huir de la luz. Tengo que dejar de esconderme. Salir de la oscuridad en la que permanezco por miedo. Asomarme a ese gigante mundo sin cobardía.


Melindrona


1 comentario: